Opinión

Borrar con el codo

26/07/2012
P
or Daniel Guzmán; de la Redacción de el diario del Fin del Mundo

En la mañana del viernes 2 de diciembre del año pasado, a través de un mega operativo lanzado desde la Subsecretaría de Servicios Públicos en forma conjunta con la Dirección de Higiene Urbana –en el que colaboraron Gendarmería Nacional y Prefectura–, la gestión de Federico Sciurano recuperaba un predio cercano a una hectárea lindero a la pesquera “Pesantar”, entre la avenida Perito Moreno y la costa del canal.
Sumando un logro más al plan de Manejo Costero, la Municipalidad concretaba un nuevo objetivo ambiental al desterrar en gran basurero a cielo abierto, desde donde se retiraron unos 1000 metros cúbicos de mugre de todo tipo y calibre.
El lugar había sido asignado previamente por el Municipio a la firma “Asondemar”, quien antes de destinarlo a una actividad productiva, lo había transformó en un área de acopio de basura, chatarra, escombros, resto de material de obra, tambores con resto de combustible, scrap y químicos de altísima toxicidad.
Después de estar ese viernes en el lugar, desde antes del mediodía hasta avanzada horas de la tarde, viendo el movimiento de las máquinas y camiones, registrando fotográficamente la tarea que se desarrollaba, dialogando con los vecinos, los empleados y funcionarios municipales y con los peritos de Gendarmería, el Subsecretario de Servicios Públicos Hugo Cano me anticipaba: “acá vamos a construir dos o tres canchitas de fútbol para los pibes”.
En coincidencia, horas más tardes mediante gacetilla de prensa, el Municipio anunciaba que el predio sería transformado “en un espacio deportivo – recreativo”.
El Subsecretario Cano, no fue el único en participar del trabajo que se realizaba en el lugar. Durante esa jornada también desfilaron y aún pueden dar testimonio, el secretario de Gobierno, José Luis Ghiglione; el secretario de Desarrollo y Gestión Urbana, Jorge Cófreces (que por esos días reemplazaba definitivamente en el cargo a Viviana Guglielmi); la secretaria Legal y Técnica Patricia Bertolín, el director de Higiene Urbana, Martín Juárez y la cara visible del Plan de Manejo Costero, Guillermo Worman.
Exponiendo razones legales, Bertolín fundamentaba que primero se había intimado y posteriormente multado a los propietarios de Asondemar, pero que debido a “los graves incumplimientos” y en el estado “en el que se encontraba el terreno”, se procedió a tomar posesión del predio.
“En innumerables oportunidades se los intimó a que limpiaran el área, incluso con un fallo desde el Juzgado de Faltas; pero nunca lo llevaron a cabo”, declaraba la funcionaria, quien para reafirmar sus fundamentos, políticamente declaraba: “a partir de hoy va a ser un predio recuperado, no solamente la tierra en sí, sino en lo visual y paisajístico, por lo cual va a poder formar parte de una costa recuperada y más aprovechable para todos nosotros”.
Doce días después, precisamente el martes 13 de diciembre, la propia Bertolín llamaba a mi celular y me pedía con voz entusiasta: “Por favor, si andas con la cámara, pasá por el terreno recuperado y fíjate lo que está sucediendo”.
Cuando llegué al lugar, me encontré con un grupo de veinte y tanto pibes que jugaban a la pelota. A mí, que poco me gusta el fútbol, desde que escuché sin intermediarios, testimonios de lo que pasaba en los campos clandestinos de detención durante el mundial ’78, me quedé atrapado por la destreza de las gambetas, por los pases de un gurrimín que no pasaba los 12, de una cabeceada a lo Palermo, de un caño que se comió el arquero y de la explosión de risas y cargadas de los pibes, que inundaban ese lugar donde hasta pocos días atrás había reinado la basura.
En un entretiempo sin vestuarios ni masajistas, le pedí: “Júntense que les tomo una foto”. “A dónde las vas a publicar?”, me preguntaron, “en el diario del Fin del Mundo”, les respondí.
Roberto Cabezas, uno de los dos directores que tiene este diario con quienes en 2009 nos propusimos como objetivo abrir una agenda que ponga en debate la situación ambiental de la ciudad, y en especial de la costa, recordará lo que le dije cuando llegue a la redacción; “todas las horas de trabajo, las miles fotografías tomadas, las cientos de páginas escritas, tienen sentido cuando uno ve que en un espacio desbastado, ahora hay chicos que disfrutan de jugar a la pelota”.
Sin embargo la misma gestión municipal que mandó a recuperar y limpiar el predio, que construyó la cancha de fútbol y que se planteó un objetivo deportivo – recreativo; hecha por la borda el fin social, cuando le pide al Concejo Deliberante que ese predio sea entregado a tres empresas locales fuertemente consolidadas, como lo son Gepeto Amoblamientos, Imprenta Formas y Metalúrgica Muñiz.
El proyecto pudo haberle jugado una mala pasada a los debutantes concejales, Silvio Bocchicchio, Walter Vuoto y si se quiere, al radical Oscar Rubinos; pero nunca al Presidente del Cuerpo, Damián de Marco, al fogueado “Lolo” Cárdenas y a la experimentada ex Secretaria de Gestión Urbana Viviana Guglielmi, vocera y defensora del proyecto de sesión privada.
Así, en primera lectura y con la sola excepción del Concejal del PJ Mario Llanes, los ediles aprobaron sin más trámites, el proyecto del Ejecutivo, para que esas tres firmas, utilicen un predio del cual la propia secretaria Legal y Técnica había asegurado iba a ser “para todos” y no para unos pocos.
Frente a tanta contradicción, no se entiende que pasó para que una gestión que hizo del deporte, la juventud, la recuperación de tierras fiscales y la preservación medio ambiental su política de Estado, boicoteara un objetivo superador.
Algo cambió en la gestión de Federico Sciurano para que –dicho desde adentro–, “remolonee” en aplicar su poder de policía para recuperar predios como el que formó a fuerza de basura y escombro, el matarife Arturo Pastoriza o que en el limbo, aún mantiene José Catalán Magni, y que a la inversa impulse un proyecto que beneficia a unos pocos que tienen mucho y que ganan millones, en detrimento de aquellos que tienen poco, para que en definitiva, no tengan nada.

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