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or Guillermo Worman
El proyecto que está en marcha en un sector emblemático de Ushuaia es una provocación a revisar las cuestiones más cotidianas para los vecinos de la ciudad. Cómo generamos y usamos el agua, la forma de consumo eléctrico, la disposición final de los efluentes cloacales, la concepción de alimentos orgánicos, el empleo de residuos como insumo al servicio de la construcción y la uso de tecnologías alternativas para la generación de energía. Básicamente, solar y eólica. Eso es, en parte, Nave Tierra.
Pensemos lo siguiente: el agua potable (con el costo que tiene) se utiliza también para las descargas sanitarias en los baños, el riego de jardines, lavado de vehículos, limpieza de veredas, entre otros tantos usos irrazonables.
Digo que Nave Tierra es un gran desafío, porque nos pone en situación de revisar qué y cómo estamos viviendo. ¿Cuántas casas de Ushuaia abren sus ventanas en invierno por hipercalefacción? ¿cuántas luces quedan encendidas innecesariamente? ¿cuánto se aprovechan los residuos que generamos para poner en marcha otros procesos?
Mariano Torre lo explicaba con claridad a fines del 2013: : ¨la construcción tradicional consume recursos y genera desperdicios, mientras que Nave Tierra consume residuos y producen recursos¨. Resuena como un reto a la inteligencia de cada uno de nosotros. Y esto me trajo de la memoria una frase que me acompaña desde que la escuché del lúcido de Ernesto Piana:¨las soluciones no pasan por promover grandes cambios, sino que muchas personas puedan llevar adelante pequeños cambios de conductas sostenibles en el tiempo¨.
Eso sucedió con la obligación de no entregar más bolsas comerciales. Y ya no hay, en muy poco tiempo, miles de bolsas plásticas en los cercos y alambrados de la ciudad. Muchos pudieron hacer algo a su alcance. Este proyecto desafía algo en ese sentido.
Hace pocos días se publicó que Alemania ya genera más del 50% de su energía a través de viviendas particulares. Los germanos colonizaron sus techos de paneles solares, usan biodigestores y generadores eólicos. Con eso superaron la generación energética a gran escala. El proyecto Nave Tierra no tendrá un cable conectado a la red de la DPE. Paneles solares en su frente de mayor asoleamiento y un generador eólico abastecerán a la construcción. ¿Puede esto ser la gran solución para la ciudad? Seguro que no, pero muchos circuitos de casas, comercios, industrias y edificios púbicos (por ejemplo la iluminación exterior) bien pueden nutrirse de energía generada por medios no convencionales.
Tenemos un reto enorme en una ciudad que no tiene mucho más espacio hacia donde crecer. Debemos generar menos contaminación, algunos alimentos frescos en nuestra zona y, entre tantas cuestiones que tenemos que replantearnos, encontrar alternativas para los residuos sólidos que tienen costos considerables para enviarlos hacia el continente. Nave tierra usa más de 300 neumáticos y casi 10.000 botellas en su construcción que estarían dentro del relleno sanitario de la ciudad.
La idea, que suena alocada o disparatada para algunos sectores, rompe paradigmas y genera las resistencias esperables. Si esto no sucediera, nada nuevo traería un proyecto que tiene dificultades lógicas para su implementación. ¿Cuántos especialistas en energías renovables tenemos en la ciudad? ¿cuál es nuestra experiencia en la operatoria de biodigestores? ¿cuántas casas hemos construidos utilizando productos de descarte?
Al fin y al cabo, se trata de hacer que muchas pequeñas cosas se lleven adelante con otra inteligencia. Tengamos presente que uno de los problemas centrales es que no tenemos desafíos dentro de la gran incubadora urbana que resulta ser Ushuaia. El gas está subsidiado, el agua escasea sólo por negligencia y no por dificultades de acceso para su potabilización y el costo energético no obliga a tener nuevas modalidades de consumo.
Nave Tierra también será un aula de aprendizaje para llevar la teoría a la práctica dentro de la ciudad. Las experiencias exitosas que de allí salgan podrán, o no, ser replicadas por aquellos que quieran transferir esas ideas a sus casas. Capturar agua de la lluvia y el deshielo para algunas prestaciones, generar energía para determinados consumos y alimentar invernaderos internos con aguas grises internas reutilizadas. Son algunos de los tantos ejemplos factibles de replicar.
En esta línea, hay que tener presente que la generación de residuos que produce Ushuaia ha puesto al borde del colapso al relleno sanitario que tenía previsto una vida útil más allá del precipicio al que lo hemos llevado. Entonces, nos guste o no, tendremos que ver qué hacemos para reducir el volumen de residuos que cada vivienda, comercio e industria genera.
Pero, de nuevo, tirar la cadena y desentendernos sobre qué sucede con los efluentes cloacales no es la solución. Tampoco comprar televisores y computadoras y no tener en cuenta cuál es el destino final del tonelaje creciente de metros cúbicos de cartón.
Nave Tierra es un idea–proyecto que acercaron Mariano Torre y Elena Roger a la ciudad. Hace dos años se hizo una presentación y la idea prendió en un grupo de vecinos. El intendente Federico Sciurano creyó que el proyecto representaría una nueva concepción para la ciudad y el 6 de enero pasado, finalmente, comenzó la construcción de un hito que nos trazará el desafío de pensar sí no es posible organizar con mayor inteligencia muchos de nuestros hábitos más cotidianos, incluso los que repetimos y reiteramos sin tener demasiada conciencia de ellos. Se trata de idear y construir nuevas herramientas para el estilo que vida que tendremos que tener en las próximas décadas.