n Ushuaia, el agua volvió a ser tema de sobremesa, ducha rápida y reclamo vecinal. La reciente combinación de lluvias generosas y deshielos entusiastas transformó los arroyos fueguinos en torrentes de barro, pasto y tierra que desbordaron pluviales y anegaron las bocas de toma de los pozos. Resultado: el agua potable, ese tesoro líquido del fin del mundo, quedó comprometida justo cuando más se la necesitaba.
La DPOSS, Dirección Provincial de Obras y Servicios Sanitarios, trabajó sin descanso, baldeando el caos natural con paciencia y mangueras, tratando de devolver la transparencia al recurso que corre peligro de volverse un lujo. Mientras tanto, los vecinos recibieron el mensaje: cerrar la canilla no es un gesto simbólico, sino una cuestión de supervivencia local. Porque acá, donde el agua abunda a la vista, pero escasea en los tanques, cuidar el agua potable ya no es consigna ambiental: es instinto de conservación.