n análisis publicado por el sitio Agenda Malvinas señala que la economía del enclave se sostiene en gran medida gracias a la venta de permisos a flotas internacionales, sin regulaciones biológicas ni control argentino.
Este modelo de explotación extractiva se basa en la captura masiva de especies como el calamar patagónico, también conocido como calamar Loligo, que se reproduce y desarrolla en la plataforma continental argentina antes de migrar hacia el área de Malvinas. La falta de acuerdos bilaterales o sistemas de monitoreo genera una presión excesiva sobre la biomasa, que pone en riesgo de colapso a una de las zonas más sensibles del Atlántico Sur.
Las sucesivas capturas de este cefalópodo —que ha pasado de un botín de 85.000 toneladas en 2019 a apenas 18.000 en 2025— han forzado a las autoridades coloniales a tomar decisiones que evidencian la vulnerabilidad de un modelo que depende fundamentalmente de la pesca para generar cerca del 60% de su Producto Interno Bruto (PIB).
Tierra del Fuego se encuentra entre las jurisdicciones más expuestas a las consecuencias de este esquema. El ecosistema marino local, que sostiene parte de la biodiversidad regional y actividades económicas como la pesca artesanal y costera, depende del equilibrio de estas poblaciones migratorias. La continuidad de operaciones sin control amenaza con romper ese balance.
A ésto se le suma la opacidad del régimen de licencias: no hay trazabilidad sobre las capturas, ni reportes de esfuerzo pesquero, ni datos oficiales disponibles sobre las embarcaciones que operan en la zona. El informe advierte que la ausencia de regulaciones convierte al mar circundante en un área de explotación sin criterios de sostenibilidad. Esto afecta directamente a los recursos que integran la cadena alimentaria marina y reduce la capacidad de recuperación de especies clave para el ecosistema del sur argentino.
Frente a este escenario, se plantean interrogantes sobre las consecuencias a largo plazo de una explotación sin límites, en una de las regiones marinas más ricas y diversas del hemisferio sur. El Atlántico Sur, y en particular el ecosistema fueguino, enfrentan una amenaza silenciosa cuyo impacto podría volverse irreversible si no se adoptan medidas de conservación y soberanía sobre los recursos marítimos.