n operativo de eliminación de artefactos bélicos se realizó la semana pasada en cercanías del aeropuerto de Puerto Argentino, tras detectarse materiales explosivos vinculados al legado minado que persiste en las Islas Malvinas desde el conflicto de 1982. La intervención incluyó un perímetro de seguridad y detonaciones controladas para neutralizar los riesgos cercanos a la zona habitable.
Durante trabajos de excavación asociados a futuras obras, la Policía local informó el hallazgo de explosivos sin detonar y cajas de municiones en un sector próximo al aeródromo. La fuerza señaló que el material fue asegurado hasta su posterior destrucción mediante un procedimiento técnico. Según explicó el cuerpo policial, “se urge a la población tener la mayor cautela si se topan con elementos desconocidos o sospechosos de posibles municiones y/o explosivos, y de inmediato contactarse con la Policía”.
Aunque en 2020 la administración británica declaró finalizadas las áreas minadas en el archipiélago, distintos reportes previos ya habían advertido sobre la posibilidad de que lluvias, movimientos del terreno o excavaciones revelaran materiales enterrados desde la guerra. La reaparición de restos explosivos se suma a episodios registrados en años recientes en zonas costeras y sectores próximos a la capital, lo que confirma que el desminado no logró eliminar todos los artefactos diseminados durante el conflicto.
Para la Argentina, el caso tiene relevancia por dos razones principales. Por un lado, demuestra que los efectos materiales de la presencia militar británica continúan emergiendo en el territorio cuya soberanía el país reclama hace más de un siglo y medio. Por otro, evidencia que el proceso de desminado certificado hace cinco años no garantizó la remoción total de los explosivos, lo que abre interrogantes respecto del alcance real de los trabajos desarrollados en áreas estratégicas del archipiélago.
La detección de nuevos restos bélicos en las inmediaciones de Puerto Argentino vuelve a situar en agenda un aspecto persistente del conflicto y subraya la necesidad de monitorear la aparición de material histórico que sigue aflorando en un territorio aún bajo ocupación.