n los últimos días comenzó a desplegarse en redes sociales una campaña coordinada que intenta instalar en Tierra del Fuego un supuesto escenario de crisis económica y social. Lejos de aportar información verificada o análisis contextualizados, los mensajes buscan generar alarma, malestar y desconfianza a partir de consignas repetidas, datos aislados y lecturas sesgadas de la realidad provincial.
En este sentido, el denominador común de la campaña es el uso intensivo de cuentas identificadas con ideas libertarias, muchas de ellas anónimas o nóminas, que funcionan como amplificadores de un mismo discurso. Perfiles como @fuegoliberal, @front, @Mr.Brownstone, @PeyaDaniel, @Gordoemperador, @capitanjamoncrudo y @derechaushuaia, entre otros, repiten mensajes calcados, apelan a titulares catastrofistas y buscan instalar la idea de un colapso inminente.
Asimismo, esta modalidad no resulta novedosa. La gestión libertaria a nivel nacional ha sido señalada en reiteradas oportunidades por utilizar un verdadero ejército de trolls y cuentas anónimas para desprestigiar a referentes políticos, sindicales y sociales que expresan posiciones críticas frente al gobierno de Javier Milei. Ataques personales, operaciones de desinformación y campañas de hostigamiento forman parte de una estrategia digital orientada a disciplinar el debate público.
Ahora bien, la particularidad del caso fueguino radica en que la narrativa de crisis se intenta imponer justamente en la provincia que recibió una de las menores cantidades de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) por parte del actual gobierno nacional y la Ruta Nacional Nº3 -única vía de comunicación terrestre que une todo el territorio- sufre la mayor desinversión de las últimas décadas.
Este dato, lejos de ser incorporado al análisis, es sistemáticamente omitido por las cuentas que promueven la campaña.
De este modo, el objetivo no parece ser informar sino construir un clima artificial de caos que desgaste a la gestión provincial y a sus referentes, alineando el discurso local con la lógica de confrontación permanente que impulsa el oficialismo nacional. Frente a este escenario, se vuelve central distinguir entre información y operación, y defender un debate público basado en datos, contexto y pluralidad de voces.