l nadador Marcelo Stancanelli realizó una hazaña pocas veces registrada: cruzó dos veces a nado el Canal Beagle, desde Argentina hasta Chile y de regreso, en una travesía de aguas frías y bajo estrictas condiciones de seguridad. La salida fue desde Paso Mackinlay, en el paso más angosto del canal (1.500 metros), hasta tocar tierra en Cabo Peña, frente a Puerto Williams. “Toqué tierra y pegué la vuelta”, resumió con simpleza.
El cruce de ida le demandó 28 minutos, mientras que el regreso tardó 41, debido al aumento del viento y la corriente. “La vuelta fue más dura, el viento se intensificó y la corriente me tiraba hacia el este, hacia el Atlántico”, explicó Stancanelli, quien trazó su recorrido apoyado por una embarcación de seguridad.
El operativo de seguridad fue compartido entre ambos países. La normativa chilena exige que una embarcación local acompañe al nadador en aguas de su jurisdicción. Por eso, al llegar a la mitad del canal, una lancha chilena tomó el relevo de la argentina. En esa embarcación también iba César Barrientos, organizador y encargado de realizar el trámite migratorio en nombre del deportista. “Mientras yo nadaba, César fue quien hizo los papeles de entrada y salida del país”, relató.
El cruce fue posible gracias a una detallada planificación climática. “Sabíamos que después de las 10 de la mañana el viento iba a aumentar, y la Armada chilena autorizó el cruce recién a esa hora”, explicó. La demora forzó al nadador a enfrentar condiciones más duras en la vuelta, agravadas por el oleaje. “En aguas abiertas apenas levantás la cabeza para orientarte, y con el oleaje ya no podés ver la costa. Entonces, me guiaba por la embarcación que me indicaba hacia dónde dirigirme”, detalló.
La temperatura del agua fue de 8 grados. Para soportarla, Stancanelli usó un traje de neopreno especialmente diseñado. “Es de una marca argentina, Thermoskin. Me permitió estar cómodo y evitar el frío”, dijo. Completó el equipo con gorro de silicona, guantes y medias de neopreno. “Es un traje húmedo, entra un poco de agua, pero esa capa se calienta y funciona como aislante térmico”, explicó.
Además de la indumentaria, la nutrición fue clave. Antes de iniciar la travesía consumió un gel energético y a mitad del cruce le lanzaron una botella con bebida isotónica desde el barco. “Tomé 250 cm³ aproximadamente. Era suficiente para sostenerme hidratado en un cruce de 3 kilómetros”, explicó. En desafíos más largos, aclaró, la hidratación y alimentación se realizan cada 20 minutos.
El doble cruce del Beagle no es frecuente. Solo había registros anteriores de dos nadadores: Gustavo Oriozabala, que lo hizo en 1998 sin traje de neopreno, y Alejandra Broglia, con traje, pero en un solo sentido. “Me planteé de entrada hacerlo ida y vuelta. Ya tengo 48 años, no sé si voy a volver. Hacerlo así fue un desafío personal”, sostuvo. En los dos meses previos al cruce, nadó 120 kilómetros como parte de su preparación.
Stancanelli es profesor de natación y exguardaparque. Su vínculo con el agua comenzó cuando trabajaba en el Parque Nacional Lanín. “Vivía al borde del lago Nonthué y empecé a nadar ahí. Después fui sumando desafíos: crucé el lago Lácar, nadé en el lago Titicaca a 3.800 metros de altura y el año pasado hice 20 km en el río Santa Cruz”, contó.
Actualmente, lleva adelante un proyecto personal: nadar en aguas abiertas en las 24 provincias argentinas. “La única de Patagonia que me faltaba era Tierra del Fuego. Ahora me queda Misiones, Corrientes, Chaco, San Juan y La Pampa”, explicó. Su próximo objetivo es una carrera de 10 kilómetros en Posadas (Misiones) y luego una travesía de 35 kilómetros desde Paso de la Patria hasta Corrientes capital.
Consciente del mensaje que deja su desafío, busca motivar a otros a sumarse a la natación. “Es un deporte que podés empezar a cualquier edad, no tiene impacto, no hay límite. Siempre se puede ir por más”, afirmó. A quienes viven en Ushuaia, los instó a aprovechar el entorno.
Al ser consultado sobre si su cruce podría ingresar al libro Guinness, Stancanelli no lo descartó: “Podría homologarse como récord mundial siendo el primer hombre en hacerlo con traje de neopreno. Habría que ver cómo articularlo, pero sería posible”.
Finalmente, agradeció al equipo que lo acompañó: “Esto no lo hace uno solo. Sin César, sin Marcelo Almirón, sin el apoyo logístico, sin Prefectura y todos los que colaboraron, no hubiese sido posible. La natación es individual, pero estos logros son colectivos”.