n nuevo estudio científico logró cartografiar con mayor detalle la superficie rocosa de la Antártida oculta bajo más de 2.000 metros de hielo, una hazaña que amplía el conocimiento sobre la topografía de uno de los territorios más inaccesibles de la Tierra. La investigación fue publicada en la revista Science y se basa en un método que utiliza datos satelitales modernos integrados con modelos matemáticos de la capa de hielo.
Durante décadas, la dificultad de penetrar la gruesa capa de hielo antártico limitó la precisión con que se conocía la forma del lecho rocoso. A diferencia de otros cuerpos celestes como Marte o Venus, cuya topografía se ha cartografiado con alta resolución, el conocimiento de lo que hay bajo el hielo en el continente austral era muy impreciso. El nuevo mapa mejora la resolución entre franjas ya medidas, ofreciendo una visión más detallada de colinas y valles que permanecían ocultos.
La Antártida, con una extensión de 13,6 millones de kilómetros cuadrados, está cubierta en un 99 % por hielo. El volumen total de esa capa alcanza aproximadamente 27,17 millones de kilómetros cúbicos, según el mapa impulsado por el Comité Científico para la Investigación Antártica con el proyecto Bedmap3. Conocer la forma del terreno bajo ese manto glaciar es esencial para entender la interacción entre el hielo y el lecho rocoso, lo que afecta al flujo del hielo y, por ende, su contribución al aumento del nivel del mar.
El método aplicado por los investigadores parte de la observación de la rugosidad de la superficie helada para inferir la topografía subyacente. Según Helen Ockenden, glacióloga y primera autora del estudio, las ondulaciones en la superficie del hielo permiten deducir la presencia de formas del terreno —como colinas y depresiones— que, de otro modo, permanecerían invisibles.
Con el avance de las técnicas de radar aerotransportado y las observaciones satelitales, el nivel de detalle ha mejorado considerablemente. El nuevo mapa no descubre formaciones geológicas totalmente desconocidas, pero sí corrige e ilumina zonas con sombras de información, proporcionando una visión más precisa del relieve subglacial.
El grosor medio de la capa de hielo es de casi 2.000 metros, aunque existen variaciones significativas: zonas costeras como la península antártica tienen espesores mucho menores, mientras que en regiones interiores como la Tierra de Wilkes el hielo puede superar los 4.700 metros, comparable en altura a algunas montañas terrestres prominentes.
Conocer estas variaciones y la forma del terreno subyacente es clave para los modelos climáticos, ya que la topografía influye en la forma en que el hielo fluye hacia el mar. La información detallada sobre la interacción entre el hielo y el lecho rocoso ayudará a anticipar cómo responderán las capas de hielo al calentamiento global y, en última instancia, a proyectar la contribución de la Antártida al aumento del nivel del mar.