Una ciudad exigida al máximo: construcciones sin control, turismo récord y un Estado mal ubicado
Editorial

Una ciudad exigida al máximo: construcciones sin control, turismo récord y un Estado mal ubicado

Por el Comité Editorial EDFM
19/01/2026
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shuaia atraviesa un proceso de saturación urbana que se profundiza año tras año, con mayor intensidad durante las temporadas altas de invierno y verano. En ese contexto, la combinación de permisos de construcción otorgados sin planificación integral, el fuerte incremento del uso turístico de la ciudad, la creciente fragilidad de los servicios públicos y la persistente concentración de dependencias estatales en el casco céntrico termina por exponer un modelo de crecimiento cada vez más difícil de sostener.

 

En general, la discusión sobre el presente urbano de Ushuaia suele quedar reducida a los problemas más visibles: tránsito colapsado, escasez de estacionamiento y conflictos cotidianos en el espacio público. Sin embargo, detrás de esas escenas repetidas se consolida un proceso mucho más profundo de sobrecarga urbana, resultado de decisiones acumuladas a lo largo del tiempo y, sobre todo, de una ausencia sostenida de planificación estratégica.

 

En primer término, el descontrol en el otorgamiento de permisos de construcción situación que se ve amplificada con la tramitación de las excepciones al código de edificación aparece como como uno de los factores centrales de los conflictos urbanos que atraviesa la ciudad de Ushuaia. En los últimos años se multiplicaron los edificios residenciales y turísticos sin que ese crecimiento estuviera acompañado por evaluaciones serias de impacto urbano. Así, mientras la ciudad se densifica, crece en altura y suma habitantes, las calles, el espacio público y la infraestructura básica permanecen prácticamente inalterados. Cada nuevo edificio, lejos de ser un hecho aislado, incorpora más usuarios a un sistema que ya estaba exigido al máximo.

 

A este proceso se suma, además, el notable incremento de la capacidad de uso de la ciudad producto del turismo. Durante los meses de invierno y verano, Ushuaia deja de funcionar como una ciudad pensada para su población estable y pasa a operar como una ciudad ampliada, con miles de personas adicionales circulando, utilizando servicios, ocupando alojamientos y desplazándose en vehículos particulares y de alquiler. De este modo, el turismo —motor económico indiscutible— se convierte también en un factor de presión permanente sobre una estructura urbana diseñada para una escala mucho menor.

 

En ese marco, emerge con mayor claridad un tercer problema, menos visible pero más crítico: la situación de los servicios públicos. El consumo de agua potable y energía crece año tras año, impulsado por nuevos desarrollos edilicios, una ocupación turística cada vez más intensa y hábitos de consumo especialmente exigentes durante el invierno. Sin embargo, la infraestructura no acompaña ese crecimiento. Redes de agua, sistemas de bombeo y tendidos energéticos operan en condiciones de estrés permanente, ampliando la brecha entre la demanda real y la capacidad instalada, y dejando a la ciudad expuesta ante cualquier contingencia climática o técnica.

 

A ello se suma, finalmente, un aspecto estructural largamente postergado: la concentración de dependencias públicas provinciales y municipales en el casco céntrico (Casa de Gobierno e Intendencia se encuentra en el corazón urbano de Ushuaia). Ministerios, sedes legislativas, organismos del municipio, juzgados y oficinas estatales generan un flujo diario de trabajadores y usuarios que profundiza la congestión vial, agrava la falta de estacionamiento y acelera la saturación del espacio urbano. En este sentido, la necesidad de trasladar estas funciones hacia un centro cívico en la periferia aparece como una medida clave para descomprimir el centro, ordenar la movilidad y redistribuir el uso de la ciudad, aunque sigue sin materializarse.

 

Así, Ushuaia enfrenta una disyuntiva que ya no admite dilaciones. O continúa creciendo bajo una lógica fragmentada, en la que se habilita construcción, se promueve el turismo y se incrementa el consumo sin respaldo estructural, o asume que su condición geográfica y su perfil turístico exigen decisiones de fondo. Porque cuando una ciudad supera su capacidad de soporte, el problema deja de ser coyuntural y pasa a convertirse en una cuestión central de habitabilidad y futuro urbano.

 

(*) El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de EDFM. El desarrollo editorial está basado en su experiencia, investigación y debates sobre los temas abordados.

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