n el amanecer de este día, el navegante ruso Fabian Gottlieb von Bellingshausen explora un área marina del Atlántico Sur intentando ubicar a una isla denominada Grande, que fuera descubierta por el marino inglés Anthony de la Roche. “El zar Alejandro I a influjo de las logias masónicas le habría ordenado hacer escala en la isla Grande, a objeto de apoderarse del Libro de la Vida o de la Piedra Filosofal, tesoros que según secretísimos informes debían hallarse allí ocultos, celosamente guardados por los espíritus del diablo” (Ernesto J. Fitte. Crónicas del Atlántico Sur).
En un accidente de viaje, en 1675, de la Roche “de regreso del Perú intentó remontar el estrecho de Le Maire, y juzgando imposible vencer las corrientes y los vientos adversos optó por derivar hacia el oriente, donde encontró la salvación en una nueva tierra que surgió providencialmente cuando ya se consideraban abandonados de la mano de Dios, ya cuyo amparo se mantuvo durante catorce días enteros”. Según el marino inglés, estaba ubicada a los 45°, “una isla muy grande, que hallara agua, leña y pescado, no viendo en aquella costa gente alguna”.
Esta información fue publicada tres años después por el propio de la Roche y fue citada por otros cartógrafos en varias obras posteriores.
“El gobierno francés especialmente envió en 1785 a monsieur Jean Francois Galaup de la Perouse con el navío La Boussole a reconocerla, ya poco el Almirantazgo británico haría algo con el capitán Colnett, despachado en 1793 para que procediese a su ocupación; después de estas tentativas frustradas, puede afirmarse que no hubo embarcación que al alcanzar los 45 grados de latitud no se desviase de su ruta con la esperanza de encontrarla”.
El infructuoso intento de Bellingshausen por complacer al zar no se mantuvo mucho tiempo y retomó su viaje hacia el sur, que le permitió convertirse en el primero que visualizó el continente antártico.
Los descubrimientos de supuestas islas en el Atlántico Sur se reiteraron por parte de los primeros navegantes australes, algunas fueron imprecisiones cartográficas otras falsedades. En el primer caso fueron las islas Auroras y en el segundo la isla Pepys. Las noticias se divulgaban velozmente y despertaban las fantasías de los europeos ávidos de conquistas y de riquezas.