Laguna Esmeralda, la ¨Saladita¨ del fin del mundo
Turismo sin control en Ushuaia

Laguna Esmeralda, la ¨Saladita¨ del fin del mundo

Puestos irregulares, ventas sin habilitación, alquileres sin controles y ausencia total de servicios básicos exponen la falta de planificación y la improvisación en uno de los principales atractivos turísticos de Ushuaia. Mientras el desorden crece, el INFUETUR evalúa medidas que podrían agravar el daño ambiental.
06/02/2026
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a situación en la zona de Laguna Esmeralda ya no admite matices: el descontrol es evidente. Lo que debería ser un área protegida y cuidada se transformó en un espacio dominado por puestos informales que venden comida sin habilitación y alquilan equipos sin ningún tipo de control de seguridad. La ausencia del Estado es tan visible como la proliferación de prácticas irregulares.

En ese marco, el paisaje natural convive con una escena impropia de un destino turístico internacional. No hay baños, no hay información para los visitantes, no hay comunicación ni servicios básicos. En cambio, avanza un mercado improvisado que recuerda más a una feria informal que a un sendero de montaña. El resultado es una postal preocupante para turistas de todo el mundo y un deterioro acelerado del entorno.

A su vez, la falta de regulación ambiental agrava el problema. La presión constante sobre el área, sumada a la inexistencia de controles, pone en riesgo un ecosistema frágil. La ilegalidad se naturaliza y la improvisación reemplaza a cualquier política de conservación.

Lejos de corregir este rumbo, el INFUETUR insiste en repetir fórmulas que ya demostraron su fracaso. En lugar de ordenar, controlar y preservar, ahora se evalúa la apertura de un nuevo sendero, una decisión que podría generar un daño ambiental irreparable si no existe una planificación seria y sustentable.

En este contexto, comienza a instalarse una comparación incómoda pero elocuente: así como “La Saladita” se convirtió en símbolo de informalidad y ausencia de reglas, Laguna Esmeralda parece replicar ese modelo a cielo abierto. Sin controles ni gestión responsable, el desorden se multiplica.

Por eso, cada vez más voces coinciden en que la salida requiere una articulación público-privada, con participación de sectores que cuenten con experiencia real en la administración de servicios turísticos. Sin un cambio de enfoque, el caos continuará y Laguna Esmeralda dejará de ser uno de los grandes tesoros naturales de Ushuaia para convertirse en el reflejo más claro de la falta de proyección, planificación y gestión.

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