n plena Ushuaia, donde los folletos prometen glaciares, cruceros y tecnología aplicada al turismo, la escena parece salida de un pliegue del tiempo.
A la vera de la avenida Héroes de Malvinas, un automóvil veterano, vencido sobre sus ruedas desinfladas, tira de una casilla minúscula que también descansa, resignada, sobre neumáticos igualmente rendidos. El conjunto, ofrecido en venta, tiene la dignidad obstinada de lo que alguna vez fue útil y ahora resiste como pieza de museo.
Hay algo surrealista en el contraste: en la era de la inteligencia artificial, del Wi-Fi satelital y los drones que sobrevuelan montañas, este combo parece proponer un viaje en sentido contrario, hacia un pasado de chapa, madera y largos caminos.
No es solo un vehículo ni una casilla: es una postal irónica de la persistencia, una especie de cápsula del tiempo varada, esperando comprador… o, al menos, una segunda oportunidad para rodar.