n Ushuaia uno entra a la ciudad como quien abre una postal. Montañas nevadas, aire limpio, el cartel de “Fin del Mundo” y, de yapa, el perfume inolvidable de las cloacas crudas del barrio Akar. Porque acá el turismo es una experiencia sensorial completa: vista panorámica al Beagle y olfato al límite sobre la Ruta 3. Justo en el ingreso, como para que nadie diga que no avisamos. La ciudad más austral del mundo recibe con aguas servidas corriendo a cielo abierto.
Después nos preguntamos por qué el progreso huele raro. Fin del mundo, sí. Fin de la vergüenza, también.
A todo esto, nadie controla nada mientras decimos defender y promover el destino.