n la esquina más codiciada de Ushuaia, el ex Cine de la ciudad —hoy propiedad de la Caja de Previsión Social— practica una hazaña admirable: décadas cerrado y ninguna gestión capaz de imaginar algo mejor. Pasaron todos los gobiernos, cambiaron los discursos y los colores, pero el edificio siguió intacto en su vocación de ruina administrativa. Y aunque el lugar grita potencial, nadie escucha. Porque refuncionalizar exige decisión; en cambio, dejarlo así sólo requiere continuidad.
Así, en pleno centro, la política logró lo impensado: convertir una oportunidad en paisaje ruinoso y deplorable.