abemos que tu tiempo vale más que el de los demás. Por eso elegís, sin dudar, un lugar reservado para personas con movilidad reducida. Total, es “un ratito”, ¿no?
Mientras tanto, quienes realmente lo necesitan no pueden simplemente estacionar en otro lado, ni subir una vereda, ni caminar unas cuadras más. Pero eso no entra en tu cálculo: no te importa.
Las normas no son un adorno. Están para cumplirse, aunque te resulten incómodas.
La próxima vez, probá algo distinto: respetarlas. No es difícil, solo requiere considerar a alguien más que vos.
Saludos… y que tus prioridades nunca dependan de la empatía ajena.