n Ushuaia hay cosas que desafían el tiempo, el viento y la lógica municipal. Una de ellas son los carteles de la cruzada evangélica de febrero, que hoy ya cumplen tres meses de gloriosa permanencia en la vía pública.
Porque claro, los pastores vinieron, predicaron, cantaron, juntaron fieles y se fueron… pero los carteles decidieron quedarse a evangelizar por cuenta propia.
Ya es parte del paisaje fueguino. El turista pregunta si se trata de un monumento histórico, de un nuevo atractivo turístico y algún vecino responde: “No, lo dejaron para que terminé de sanar las almas que quedaron en el purgatorio”.
Mientras tanto, los postes resisten como mártires del marketing celestial y la lona flamea con más fe que la economía argentina.
Dicen que en Ushuaia nada dura para siempre. Salvo los carteles evangélicos. Bendiciones.