a Constitución de Tierra del Fuego atraviesa días de intensa actividad física. La estiran desde el Ejecutivo, la doblan desde la Legislatura, la interpretan desde los tribunales y la sacuden desde cada rincón de la política local, donde el deporte favorito parece ser el tironeo institucional permanente.
Cada sector asegura defenderla mientras le busca el ángulo más conveniente, como si la Carta Magna fuera menos un pacto democrático y más una frazada corta en una noche demasiado fría.
Entre disputas de poder, acusaciones cruzadas, operaciones, internas y conversiones republicanas, el texto constitucional resiste como puede el manoseo cotidiano. Hay quienes la citan con devoción casi religiosa y quienes la descubren únicamente cuando necesitan un salvavidas jurídico o un argumento para la próxima gacetilla.
Mientras tanto, la provincia asiste a una escena repetida: dirigentes que invocan institucionalidad con una mano y, con la otra, tantean discretamente dónde conviene hacer la próxima excepción.