n la Estación de Servicio de La Rivera aplican algo simple pero cada vez menos frecuente: un buen servicio también puede ser un acto de comunidad. Por eso ofrecen, de manera gratuita, un sistema para inflar neumáticos, pensado para ayudar al vecino.
Pero la realidad obliga a que deban solicitar colaboración para que el servicio pueda seguir prestándose. Mientras seguramente muchos valoran el gesto, otros dañan el equipo, tiran de las mangueras sin cuidado o actúan como si lo gratuito no tuviera costo.
Y sí lo tiene. Lo paga quien invierte, mantiene y vuelve a reparar algo que debería durar mucho más.
Desde este espacio, invitamos a una reflexión sencilla: cuando un servicio público o comunitario se destruye por desinterés, no pierde la empresa; pierde toda la sociedad. Cuidar lo que es de todos también habla de quiénes somos.