i Una Menos nació después del femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años. Once años después, otro crimen de una chica de la misma edad, Agostina Vega, vuelve a convertirse en una de las imágenes que atraviesan la marcha de este 3 de junio.
Eso es lo que vuelve difícil hablar de aniversarios. Porque un aniversario supone algún tipo de distancia con aquello que se recuerda. Y acá no la hay.
Las marchas se repiten en todo el país, los nombres cambian, los carteles se renuevan, pero la escena sigue siendo reconocible. Una desaparición. Una búsqueda. Una familia esperando respuestas. Una noticia que llega demasiado tarde.
Por eso el problema ya no pasa por demostrar que la violencia existe. Nadie puede alegar desconocimiento después de once años.
La pregunta es otra.
Cómo se llegó al punto en que una sociedad puede contar víctimas durante más de una década y llamar “urgencia” a algo que nunca dejó de pasar.