ño 2058. El deshielo de la Antártida hizo subir el mar y Ushuaia resolvió, sin proponérselo, un viejo problema náutico: los gomones y semirrígidos ya no ocupan los muelles del AFASyN ni del Club Náutico, sino el centro de la ciudad.
Hay embarcaciones amarradas frente al banco, la municipalidad y las inmobiliarias. Los inspectores observan la escena con admirable calma burocrática: nadie sabe si corresponde una infracción portuaria, de tránsito o simplemente resignación administrativa.
Durante décadas hubo advertencias, estudios y denuncias. Actuar hubiera requerido decisiones. Y las decisiones siempre parecieron más peligrosas que la marea.
Así, mientras los viejos muelles quedaron secos y vacíos, los gomones flotan entre edificios públicos, símbolo perfecto de una ciudad donde el agua avanzó más rápido que los controles.