ste día, el Poder Ejecutivo Nacional dispone incluir a las penas de presidio y de penitenciaría entre las que pueden cumplirse en el Penal de Ushuaia.
Con esta medida del presidente José Figueroa Alcorta, se produjo un crecimiento notable de la población carcelaria. La cantidad de internos ya se había nutrido tres años antes con la autorización a las provincias que no poseían unidades penitenciarias a derivar sus condenados hacia la capital fueguina.
La ampliación de la capacidad de alojamiento del penal posibilitó la llegada de nuevos contingentes de condenados, generando una mayor complejidad y diversidad criminológica de los internos.
A principios de 1896, comenzaron a arribar los reincidentes de actos delictivos, según lo dispuesto por la Ley 3335. En 1899, se sumaron los sentenciados a prisión procedentes de la Penitenciaría Nacional. En 1912, se incorporaron los condenados militares que se encontraban en el clausurado Presidio Militar de Puerto Cook, en la isla de los Estados. También, sustentaron las filas carcelarias los deportados por participar de movimientos huelguísticos y movilizaciones obreras callejeras, en las primeras décadas del siglo XX.
Así, se produjo un crecimiento de la población carcelaria que fue evolucionando desde los setenta penados y tres menores –a disposición de los Defensores de Menores de Buenos Aires–, que se encontraban alojados en 1901; a la presencia de ciento cincuenta y cinco internos, tres de los cuales estaban condenados a trabajos forzados, que se constataron con el Primer Censo Carcelario, cinco años después.
En el segundo relevamiento, en 1932, se registraron trescientos noventa y cinco penados. Tres años después, los internos sumaron quinientos treinta.
El Penal contaba con trescientas setenta celdas. El exceso de penados exigía utilizar salones de alojamiento compartidos en los extremos de cada pabellón (Arnoldo Canclini. Ushuaia 1884– 1984).
El 21 de marzo de 1947, el presidente Juan Domingo Perón firmó el Decreto 7577, que dispuso la clausura definitiva del presidio. En ese entonces, existían trescientos cuarenta y seis penados. A fines de ese año ya no quedaban encarcelados, después de 51 años de existencia del Penal de Ushuaia.