ay personas que no se conforman con admirar el Valle de Tierra Mayor. Necesitan dejar su huella. Algunos sacan una foto; otros, directamente, abandonan una batería de auto en medio del paisaje. Porque, claro, ¿qué mejor homenaje a uno de los rincones más emblemáticos de Tierra del Fuego que decorarlo con plomo, ácido y plástico?
Quizás sea una nueva tendencia en arte contemporáneo: Naturaleza Muerta con Varta. O tal vez alguien creyó que las baterías, como los salmones, vuelven solas a su lugar de origen.
Después nos indignamos por la contaminación, exigimos más controles y reclamamos cuidar el ambiente. Pero siempre aparece un genio dispuesto a recordarnos que el mayor residuo no siempre es el que queda tirado en el suelo.