as ciudades tienen pocas reglas que no necesitan estar escritas. Una de ellas dice que la calle es para los autos y la vereda para las personas.
En invierno esa regla entra en negociación. Aparecen vehículos estacionados sobre el hielo, arriba del cordón, ocupando el único lugar que quedó transitable. La explicación suele ser práctica: si queda en la calle, puede que no salga después. Pero si sube a la vereda, estorba menos.
Estorba menos a los autos.
El que termina adaptándose es el peatón. Baja a la calzada, esquiva nieve, hielo, tránsito y los autos de la calle, para rodear un vehículo que encontró más cómodo estacionar donde un peatón podía pasar seguro.
La nieve cambia muchas cosas. El destino de una vereda no debería ser una de ellas.