n apenas una semana, la tierra volvió a ocupar un lugar central en la agenda nacional. El oficialismo modificó el proyecto de reforma de la Ley de Tierras para facilitar su aprobación en el Senado, elevando al 25% el límite de adquisición por parte de capitales extranjeros en cada provincia.
Las reformas pueden cambiar porcentajes, condiciones y destinatarios. Lo que permanece es una nueva forma de entender qué significa el país, qué es el territorio argentino: un conjunto de bienes invaluables exhibidos en un gabinete de curiosidades, listos para ponerse en venta.
En una provincia donde la tierra también define el acceso al Atlántico Sur, la Antártida y recursos estratégicos, esta lógica difícilmente puede leerse como una decisión más.