Una mosca invasora coloniza cuevas de la Antártida
Biodiversidad polar

Una mosca invasora coloniza cuevas de la Antártida

El insecto logró superar las condiciones extremas del continente y podría alterar uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. El hallazgo de adultos y larvas fuera de las bases confirma un cambio que inquieta a los científicos.
04/09/2026
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na mosca originaria del hemisferio norte, ya completa su ciclo de vida en cuevas de la Península Antártica. Durante el último verano austral, investigadores encontraron ejemplares adultos y larvas de Trichocera maculipennis dentro de cuevas próximas a colonias de pingüinos.

El biólogo Hugo Benítez, investigador del Centro Internacional Cabo de Hornos, del Instituto Milenio BASE y de la Universidad Andrés Bello, encabezó el equipo que realizó los muestreos entre diciembre y marzo. “Ahora están haciendo su ciclo de vida en ambiente natural”, explicó sobre la presencia simultánea de ejemplares adultos y larvas.

La aparición de la mosca fuera de las estaciones científicas no es completamente nueva. Ya se habían observado individuos bajo piedras y cerca de lagos de la isla 25 de Mayo. La diferencia es que los últimos registros aportan evidencias de reproducción en cuevas próximas a colonias de pingüinos. La especie fue identificada por primera vez en la Antártida durante el verano de 2006-2007, dentro del sistema de aguas servidas de la base uruguaya Artigas. Posteriormente apareció en instalaciones de Chile, Rusia y Corea del Sur situadas en la misma isla.

Aunque no pudo establecerse cómo llegó, la principal hipótesis apunta al traslado accidental mediante cargas, alimentos o equipajes transportados por barcos y aeronaves. Las bases le ofrecieron inicialmente humedad, temperaturas menos extremas y materia orgánica suficiente para que sus larvas pudieran desarrollarse.

La actividad humana habría permitido superar la barrera geográfica, mientras el calentamiento de la Península Antártica estaría reduciendo el obstáculo climático. El aumento de las temperaturas amplía los espacios donde organismos foráneos pueden sobrevivir sin la protección de las construcciones.

Las cuevas cercanas a pingüineras presentan además abundantes restos orgánicos y guano, de los que pueden alimentarse las larvas. Su incorporación podría modificar la descomposición de esos materiales, la disponibilidad de nutrientes y las comunidades microbianas del suelo.

Los científicos analizan si esas alteraciones pueden afectar con el tiempo las condiciones de las colonias de pingüinos. Todavía no se comprobaron desplazamientos ni daños concretos sobre las aves. Esa posibilidad forma parte de una investigación en desarrollo.

La capacidad de adaptación del insecto ya había sido detectada en un estudio publicado en 2025. El análisis de 294 ejemplares recolectados en cuatro bases reveló cambios en la forma y el tamaño de las alas. También se observó que las moscas suelen desplazarse bajo las piedras para protegerse de los fuertes vientos, ante la dificultad de mantener un vuelo sostenido.

El equipo comenzó a desarrollar trampas con feromonas para atraer a los adultos y contener su expansión. Sin embargo, su reproducción fuera de las instalaciones vuelve más difícil cualquier intento de control. Lo que comenzó como una presencia localizada en los desagües ya alcanzó el ecosistema antártico.

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