a postal de bienvenida a la ciudad más austral del mundo parece incorporar una atracción inesperada: bolsas, plásticos y residuos decorando el camino. Una intervención artística, quizá, destinada a contrastar la majestuosidad del bosque fueguino con la extraordinaria capacidad humana para arruinarlo.
Mientras Ushuaia se promociona como puerta de entrada a la Antártida, algunos parecen empeñados en convertir su acceso terrestre en la puerta trasera de un basural. El visitante llega buscando montañas, naturaleza y paisajes únicos, pero recibe como anticipo un catálogo de desperdicios junto a la ruta.
Naturalmente, la culpa siempre será del viento, ese conocido vecino incívico que compra bolsas, consume productos y luego arroja sus envases donde quiere. Sin embargo, alguien ensucia y alguien debe limpiar, controlar y prevenir.
La ciudad del Fin del Mundo puede ofrecer una imagen inolvidable, pero no debería ser por semejante bienvenida. El ingreso a Ushuaia merece paisaje, cuidado y dignidad. No basura.