a escena podría pasar inadvertida porque, a fuerza de repetirse, terminó incorporándose al paisaje urbano. En una misma esquina, el espacio público sirve para promocionar dos actividades privadas bien diferentes: una oferta alimentaria y un servicio de gomería. Carteles y estructuras ocupan la vereda como si fuera una extensión gratuita de los comercios.
No es una excepción. La imagen es apenas una muestra de lo que se observa en distintos sectores de la ciudad, donde carteles, pizarras, estructuras y anuncios comerciales avanzan sobre espacios destinados al uso común, desdibujando cada vez más la frontera entre lo privado y lo público.
La postal reserva, además, una ironía difícil de superar: mientras los anuncios privados se exhiben grandes y perfectamente visibles, la única señalética oficial de la escena -la que identifica la calle y su altura- está vandalizada.
Lo privado ocupa y anuncia. Lo público, mientras tanto, muestra las marcas del abandono.