a imagen muestra los restos de una fogata en un sector boscoso dentro del ejido urbano donde está expresamente prohibido hacer fuego. Una postal de la irresponsabilidad, la estupidez y el desprecio por las normas de quienes parecen creer que sus ganas de pasar un buen momento están por encima de la seguridad de todos.
En una provincia que conoce las devastadoras consecuencias de los incendios forestales, semejante conducta resulta tan incomprensible como repudiable. No hay desconocimiento que la justifique ni excusa que la atenúe.
Porque, conviene decirlo sin eufemismos, en Tierra del Fuego no faltan normas para proteger nuestros bosques; lo que lamentablemente sobran son imbéciles que no las respetan. Y alcanza con uno solo, una fogata y un descuido para que el daño sea irreparable. Después vendrán los lamentos, cuando ya sea demasiado tarde.