l bosque fueguino nunca deja de sorprender. Entre lengas, ñires y coihues florece una nueva especie: el árbol de concreto, cuya siembra obedece a políticas ambientales fijadas desde la conducción de la Dirección Provincial de Energía (DPE). Una curiosidad botánica que, en lugar de hojas, luce medidores, cables y conexiones eléctricas.
La proliferación de estos ejemplares plantea un interrogante: ¿qué particularidades normativas rigen en este ecosistema? ¿Se cumplen allí las mismas exigencias técnicas, de seguridad y habilitación que la DPE suele imponer, con admirable celo burocrático, a cualquier instalación domiciliaria?
Sería interesante conocer la respuesta. Porque si la rigurosidad reglamentaria depende de dónde germina cada pilar, estaríamos ante otro fenómeno extraordinario de la naturaleza fueguina: una burocracia que, según el terreno, también tiene sus propias estaciones.