a pesca industrial de krill antártico quedó bajo cuestionamiento por sus posibles efectos sobre las ballenas y otras especies que dependen de este pequeño crustáceo para alimentarse. La organización ambientalista Sea Shepherd advirtió sobre las limitaciones del sistema internacional de monitoreo y reclamó medidas que contemplen el impacto de la actividad pesquera sobre el ecosistema.
El planteo se presentó durante la reunión de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), en Hobart, Australia. Según Sea Shepherd, el programa de seguimiento del organismo incluye especies como pingüinos, aves marinas y lobos marinos, pero no incorpora a las ballenas, pese a que comparten áreas de alimentación con las flotas pesqueras.
Para investigar esa superposición, la organización embarcó científicos en el buque Allankay, que estudiaron la presencia de cetáceos en las islas Orcadas del Sur. Los resultados difundidos señalaron concentraciones de ballenas jorobadas y de aleta en zonas donde también se desarrolla una intensa actividad pesquera.
La presión sobre el recurso quedó expuesta en agosto, cuando la captura de krill alcanzó las 620.000 toneladas permitidas en el área 48, que comprende sectores próximos a la península antártica y las Orcadas del Sur. Sea Shepherd señaló que el límite se alcanzó por segundo año consecutivo y advirtió sobre las dificultades para compatibilizar la extracción comercial con las necesidades alimentarias de la fauna marina.
La organización también alertó que Noruega, Rusia y China podrían impulsar una ampliación cercana al doble del límite actual. Se trata de una posibilidad señalada por la entidad ambientalista, no de una decisión ya aprobada.
En paralelo, una propuesta para incorporar a las ballenas jorobadas al programa de seguimiento de la comisión se encuentra bajo consideración. La medida permitiría reunir información sistemática sobre la relación entre estos cetáceos, la disponibilidad de krill y las operaciones pesqueras.
El debate expone una cuestión central para la conservación antártica, determinar los límites en cuánto krill puede extraerse sin comprometer la alimentación de las especies que dependen de él. Para Sea Shepherd, ampliar el monitoreo y traducir la evidencia científica en medidas de protección resulta indispensable frente al avance de la pesca industrial.