a ANPyN encontró en Ushuaia una curiosa brújula procesal: fijó domicilio en una dirección que el padrón vincula con una secretaria del mismo juzgado que interviene en causas contra el organismo. A semejante puntería inmobiliaria, el GPS debería cobrarle honorarios.
La “ventaja postal” promete ser la última innovación de la justicia federal: uno recibe la demanda y casi puede preguntar por el expediente al grito de ¡vecinaaa! ¿qué novedades tenemos? Falta que el timbre diga “mesa de entradas” y el felpudo, “será justicia”.
La coincidencia no prueba favoritismo, pero deja una sospecha demasiado grande para meterla en el buzón. ¿Quién facilitó esa dirección y qué vínculo existe? Hace falta una aclaración contundente, documentada y pública. Porque cuando el demandado y una funcionaria del tribunal aparecen bajo el mismo techo postal, la confianza en la Justicia queda a la intemperie. Y eso no se arregla cambiando el código postal.