Opinión

Opinión: El debate por el nombre sí es político

25/11/2021
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a creación de la Secretaría de la Mujer de Ushuaia en el inicio de la primera gestión del intendente Walter Vuoto no solo significó la generación de una nueva estructura en el marco del Gabinete.
Significó además la visibilización por parte del Estado municipal de la existencia de contextos socioeconómicos -y culturales-, que afectaban y afectan a las mujeres y diversidades. Y se convirtió en la herramienta a través de la cual implementar políticas tendientes a abordar temáticas como violencia de género, violencia vicaria, abusos físicos, psicológicos y laborales, abandono, desocupación, desplazamiento del hogar por motivos económicos, entre tantas otras.
Porque aunque a muchos les pese, tras la fachada de este paraíso terrenal que es Ushuaia laten problemáticas que atraviesan a la ciudad desde la montaña a la bahía, desde la Rotonda del Indio hasta el Parque Nacional. Y que nos atraviesan a los que la habitamos, a los que más y a los que menos tienen, a los de arriba, a los del medio y a los de abajo. Que algunos no quieran verlo y aceptarlo es otra cosa.
La construcción y apertura de la Casa de la Mujer como espacio de encuentro de mujeres y diversidades no hizo más que consolidar el trabajo de la Secretaría, que de esta manera pasó a contar con un lugar propio tras funcionar por años en la esquina de San Martín y Fadul.
Pero la creación de la Secretaría, la implementación de políticas de género y la posterior construcción de la Casa de la Mujer generaron el rechazo y el malestar de muchos que no aceptan la visibilización de aquellas problemáticas, y que de hecho las toleran.
Por eso, cuando se dice que tras el reclamo por el nombre de la Casa de la Mujer no hay motivación política, no se hace honor a la verdad. La realidad es que muchos de los que se oponen a que se denomine “Presidenta Cristina Fernández”, antes se opusieron a la creación de la Secretaría y de la Casa.
Incluso, desde la Secretaría de la Mujer remarcaron que desde los sectores que impulsan el nombre “Pioneras Fueguinas” nunca, a lo largo de estos años y hasta el día de hoy, se acercaron para aportar alguna propuesta o iniciativa a favor de las mujeres y diversidades. Ni tampoco a consultar cómo se trabaja, o a plantear alguna mirada distinta y alternativa sobre el abordaje de las problemáticas que se atienden desde el área municipal. “Cero interés”, afirmaron.
Entonces, parecería nomás que detrás de la movida sí hay una intencionalidad política y hasta ideológica.
Arrogarse la representatividad de la totalidad de un colectivo para enarbolar un reclamo sin impulsar la participación de otras voces, es un ejemplo.
Proponer un nombre diferentes al de la ex Presidenta para un espacio municipal sin abrir el juego a otras propuestas, es otro. Por ejemplo, en su momento también se impulsó para la Casa de la Mujer el nombre de la abogada y comunicadora Mara Martín, de larga trayectoria en Tierra del Fuego en la defensa de los derechos de la mujer. Un nombre que hoy cayó en el olvido.
Tampoco se puede negar intencionalidad política cuando la líder de un partido político se puso al frente del reclamo contra el nombre de la Casa de la Mujer, incluso usando los colores de su fuerza en la cartelería de “Pioneras Fueguinas”.
Paradójicamente, cuando el martes pasado por el Concejo Deliberante pasó el área de Hábitat del Municipio para exponer los ejes de gestión para 2022 una integrante del colectivo “Pioneras Fueguinas” refirió a otra, cuando se hablaba de los barrios informales, que “estos negros usurpan y encima les ponen los servicios”.
Más allá del repudiable tono despectivo y discriminatorio, no consideró que entre esos “negros” hay mujeres víctimas de violencia, desocupadas, emprendedoras que son único sostén de hogar, trabajadoras de un comercio o una fábrica, o una docente. Que hay mujeres iguales a cualquier pionera, o a ella misma.
Otra paradoja. Mientras se impulsa el cambio del nombre de la Casa de la Mujer se hizo público por las redes y los medios un reclamo por el estado de abandono de la Casa Fadul, también conocida como La Rosadita, en la que vivió la primera fueguina electa como diputada nacional, doña Esther Fadul.
Desde 2003 la propiedad es, por ordenanza del Concejo Deliberante, Patrimonio Cultural de Ushuaia. Y se le solicita a la impulsora del cambio de nombre de la Casa de la Mujer que motorice las medidas necesarias para que ese espacio emblemático de la ciudad no se pierda.
El debate por el nombre de la Casa de la Mujer sigue abierto. Cobró fuerza -pese a la supuesta falta de intencionalidad política-, en las campañas electorales previas a las PASO y a la elección de diputados nacionales, y llegó al Parlamento de la ciudad.
Como ejercicio democrático es saludable. Y se celebra que se sumen voces como las de la Red de Parlamentarias Fueguinas, que sostienen que el actual nombre de la Casa de la Mujer y de los espacios que la conforman “reivindican el rol que las mujeres argentinas y fueguinas han tenido en nuestra historia política”.
Porque en definitiva siempre hay una intencionalidad política –o mirada, si se quiere- detrás de determinadas movidas. Lo bueno es blanquearla y no esconderla detrás de un reclamo sobre el cual nadie niega su legitimidad.

Autor : Norman Munch
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