a gripe aviar avanzó en la Antártida y encendió alertas en la comunidad científica internacional. A menos de dos años de su detección inicial en el continente blanco, especialistas confirmaron que el virus H5N1 se expandió a lo largo de unos 900 kilómetros de la costa occidental y ya fue identificado en múltiples especies nativas. La primera detección se produjo en abril de 2024, cuando un equipo encabezado por el científico chileno Víctor Neira confirmó la presencia del virus en cinco skuas (aves marinas migratorias) infectadas. Los resultados fueron publicados en la revista ‘Frontiers in Veterinary Science’.
Desde entonces, los monitoreos realizados durante la última expedición del verano austral evidenciaron un escenario más amplio de contagio: “El virus se ha expandido completamente en la región antártica en donde nosotros tenemos la capacidad de ir a estudiar”, afirmó Neira, investigador de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Chile y del Instituto Antártico Chileno (Inach).
Los relevamientos más recientes detectaron casos en una decena de especies, entre ellas cormoranes antárticos, gaviotas dominicanas, pingüinos de Adelia, pingüinos papúa y lobos finos antárticos. Decenas de animales infectados fueron identificados durante las tareas de campo, aunque el número real de muertes podría ser mayor debido a las limitaciones que imponen las condiciones climáticas extremas.
Neira advirtió que el H5N1 representa una amenaza significativa para las poblaciones locales. “Esta enfermedad es capaz de matar al 100% de las aves en períodos cortos de tiempo. Por ejemplo, en uno o dos días puede llegar a matar al 90% o 100% de los animales de un lugar”, sostuvo.
Aunque varias de las especies afectadas están catalogadas actualmente como de “preocupación menor” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el investigador subrayó la fragilidad del ecosistema antártico. “Las especies de la Antártida son en general escasas a nivel mundial”, señaló.
Algunas poblaciones presentan números reducidos. Es el caso del cormorán antártico y de las skuas, cuya población estimada ronda los 20.000 individuos. En ese contexto, el impacto de un brote masivo podría alterar de manera significativa el equilibrio ecológico de determinadas colonias: “Si el virus se sigue fortaleciendo, cualquier especie, si se ve gravemente afectada por el virus, podría pasar a estar en peligro de extinción”, advirtió Neira.
La expansión del H5N1 en la Antártida se enmarca en una ola global de influenza aviar que, desde 2021, afectó a millones de aves silvestres y mamíferos en América, Asia y Europa, impulsada en parte por los movimientos migratorios. En 2023, por ejemplo, la enfermedad provocó la muerte de unos 1.300 pingüinos de Humboldt en Chile, cerca del 10% de su población, según datos oficiales.
La situación en el continente blanco genera especial preocupación por la vulnerabilidad de sus ecosistemas y la limitada capacidad de intervención ante brotes sanitarios en zonas remotas y de difícil acceso. Los investigadores continúan con el monitoreo para evaluar la evolución del virus y su impacto a mediano plazo en la fauna antártica.