a problemática de los perros asilvestrados volvió a ubicarse en el centro del debate productivo provincial a partir de la elaboración de un plan integral que busca coordinar acciones entre organismos públicos, municipios, productores y especialistas. El objetivo es avanzar durante los próximos seis meses en una estrategia que permita reducir el impacto de una situación que afecta a la producción ganadera, la biodiversidad y la salud ambiental.
El investigador principal del CADIC-CONICET y doctor en Biología, Adrián Schiavini, explicó que el proceso comenzó tras la última reunión del comité de seguimiento del plan de manejo de perros realizada en marzo. En ese marco, sostuvo que la iniciativa apunta a abordar el problema desde una perspectiva integral. “La idea es trabajar a partir de un convenio en un lapso de no más de seis meses para tener este plan de acción y, por supuesto, al mismo tiempo iniciar otras acciones que corresponderán ser implementadas por diferentes actores”, señaló.
Más allá de la emergencia actual, Schiavini consideró que existe una oportunidad productiva que la provincia podría aprovechar si logra controlar el avance de los perros asilvestrados. El especialista explicó que el mercado internacional atraviesa un contexto favorable para la producción ovina debido a la reducción de los rodeos australianos, provocada por fenómenos climáticos, y al crecimiento de la demanda de fibras naturales.
“Hoy el escenario es favorable, hay un viento de cola para decir tengamos más producción ovina. El que marca el mercado mundial es Australia y Australia ha visto reducida su cantidad de cabezas por cuestiones climáticas. Al mismo tiempo resurgen mercados como el de las fibras naturales, por lo que estamos en un contexto donde uno puede pensar que en diez años los requerimientos internacionales de carne y lana vayan a crecer”, afirmó.
Según indicó, Tierra del Fuego llegó a albergar cerca de un millón de cabezas ovinas y actualmente posee aproximadamente la mitad de esa cantidad. Para Schiavini, buena parte de esa caída está vinculada al impacto de los perros asilvestrados sobre la actividad productiva.
“Tenemos con qué hacerlo. Tierra del Fuego alojaba más de 600 mil cabezas ovinas en su momento, casi un millón, y hoy están reducidas a la mitad principalmente por la problemática de los perros silvestrados. Hay una oportunidad, pero hay que resolver un problema para poder entrar en ese viento de cola”, sostuvo.
El investigador advirtió que el fenómeno ya no afecta únicamente a las ovejas. En los últimos años comenzaron a registrarse ataques sobre ganado bovino, lo que incrementó la preocupación entre los productores rurales. “Hoy la producción está siendo afectada en su totalidad. No tanto ovejas sino también vacas. Quedan pocos productores ovinos en el ecotono justamente porque pasaron a vacas pensando que no las iban a atacar los perros, pero hoy los perros están atacando las vacas también”, explicó.
En ese sentido, alertó que la continuidad de la situación podría derivar en el abandono de actividades ganaderas. “Si no hacemos algo, lo que va a suceder es que hay muchos productores que van a decir directamente que abandonan la producción de ganado. No tiene sentido hacer esto porque cada vez podés producir menos y eso se lleva la rentabilidad económica”, afirmó.
Entre las primeras medidas previstas figura el fortalecimiento de las capacidades de los productores para remover perros asilvestrados de los establecimientos rurales. Schiavini indicó que se analiza convocar especialistas de Estados Unidos con experiencia en manejo de depredadores para capacitar a los productores fueguinos en distintas técnicas de control.
El científico remarcó que no existe una única solución para enfrentar el problema y que será necesario combinar distintas herramientas. Entre ellas destacó el uso de perros protectores de ganado, una estrategia que ya muestra resultados positivos en establecimientos ovinos, aunque también mencionó métodos de control directo mediante trampas y armas de fuego, siempre bajo criterios técnicos y de seguridad.
Sostuvo que cualquier estrategia deberá contemplar todo el territorio y no limitarse únicamente a las áreas productivas. “El manejo tiene que ser integral en todo el paisaje. No hay alambrados para manejar al perro asilvestrado. Si vos sos privado y vos sos público, las responsabilidades son equivalentes. No tiene que haber fronteras porque los animales no tienen fronteras”, concluyó.