l licenciado en Letras Roberto Santana, que prepara un libro sobre la historia de la institución, describe a Jorge Reynoso como el motor del proyecto. Nombrado en 1920 maestro de la Escuela N° 1, de la que fue director en 1926, comenzó por sumar a un grupo de vecinos. “La energía y la prepotencia de trabajo de Jorge Reynoso se ven concretadas en el acta fundacional”, sostiene el investigador.
La iniciativa contó con el respaldo de Antonio Sagarna, ministro de Justicia e Instrucción Pública de Marcelo T. de Alvear y comprovinciano del maestro, que facilitó las gestiones ante la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, antecesora de la CONABIP.
El acta del 8 de noviembre de 1926 lleva la firma de la primera Comisión Directiva: Reynoso, Manuel Arce, Gerardo Di Massi, Antonio Rodríguez, Diego Recoviche, Barcleit Fadul, Antonio Vrsalovich, Luis Fique, José Canga Quiñones y Antonio Berós. Allí establecieron que la sociedad sería “absolutamente neutral en cuanto a ideas políticas y religiosas” y que buscaría “propagar conocimientos de letras, de ciencias puras y de ciencias aplicadas”.
La comisión pidió al director del Presidio, Juan José Piccini, mano de obra y mobiliario, y al gobernador Juan María Gómez, un terreno y materiales. En marzo de 1927, por el Decreto 157/27, obtuvo el predio de las actuales San Martín y 25 de Mayo. La biblioteca abrió el 10 de abril de 1928, tras contratiempos que Santana recuerda entre lo trágico y lo jocoso: un temporal arrastró mar adentro una carga de rollizos y, un domingo en que llegó un interno para pintar, la pintura había desaparecido.
El investigador destaca la omnipresencia de Reynoso: daba clases junto a una canoa yagán en el muelle, alfabetizaba en el Presidio y editaba con los internos el periódico ‘El Eco’. “El maestro entrerriano parece estar en dos o más lugares a la vez y sabemos que ese es el paso inicial para convertirse en leyenda”, escribió. Sin embargo, casi no hay fotos suyas: una imagen de su visita a Ushuaia en 1965, recuperada por el Museo del Fin del Mundo, está hoy en la Sala Tesoro que lleva su nombre.
En ‘El Eco’, Reynoso dejó escrita su visión: “No basta crear y sostener escuelas, es necesario también buscar la forma de complementar el estudio creando centros culturales en todo el país, capaces de dignificar al ciudadano. Y la biblioteca proporciona la oportunidad de satisfacer esos anhelos”.
Cien años después, Santana define a la Sarmiento como “una institución que ha logrado adaptarse a los desafíos y a las necesidades del presente sin abandonar su espíritu pueblerino”. El acto central del centenario será el domingo 8 a las 17.30, en San Martín 1589.