n equipo internacional de científicos inauguró en la Antártida el primer archivo mundial de hielo, destinado a conservar núcleos glaciares de distintas regiones del planeta. La estructura está ubicada en la base Concordia, a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, y permitirá resguardar datos atmosféricos clave ante el avance del cambio climático.
La iniciativa es impulsada por la fundación Ice Memory, en coordinación con el Instituto Polar Francés, el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) y centros científicos de más de 20 países. El archivo funcionará como una reserva de largo plazo, con muestras que podrán ser analizadas por futuras generaciones.
Las primeras muestras fueron extraídas del glaciar Col du Dôme, en el macizo del Mont Blanc. Se trata de núcleos de 130 metros de profundidad que contienen burbujas de aire atrapadas hace siglos, utilizadas para estudiar la composición de la atmósfera a lo largo del tiempo. Estas y otras muestras ya recolectadas en Bolivia, Rusia, Pakistán, Noruega, Brasil y Suiza serán trasladadas progresivamente al sitio.
El archivo fue construido en una cueva de nieve excavada a 10 metros de profundidad, con temperaturas estables de hasta -50 °C, lo que permite conservar el hielo sin necesidad de energía eléctrica. La capacidad estimada es de 600 tubos de hielo. El acceso será limitado y regido por protocolos internacionales de cooperación científica.
El objetivo central es preservar información que corre riesgo de perderse. A medida que los glaciares retroceden, los núcleos de hielo se degradan y pierden valor como archivo natural. Científicos de Ice Memory señalan que en algunos casos ya se ha constatado pérdida de datos en zonas del Himalaya y los Andes.
La construcción del santuario se completó en cuatro semanas, bajo condiciones extremas de temperatura y viento. Las operaciones fueron coordinadas por técnicos franceses y personal especializado en logística polar. El proyecto recibió financiamiento de organismos públicos, universidades y fundaciones.
Los impulsores advierten que, aunque el archivo no tendrá un uso inmediato, podría ser clave en el futuro. El avance tecnológico permitirá extraer nueva información de las muestras, incluyendo concentraciones de gases de efecto invernadero, partículas contaminantes y trazas químicas.
La elección de la Antártida responde a criterios científicos y políticos. Por su estabilidad térmica, aislamiento y régimen internacional, el continente ofrece condiciones únicas para la preservación de este tipo de datos. Además, se evita cualquier riesgo de apropiación nacional o comercial.
El proyecto forma parte de un esfuerzo global por documentar y conservar evidencia del cambio climático. La información que contienen los núcleos de hielo puede resultar esencial para entender la evolución del clima y orientar políticas ambientales en las próximas décadas.